El “Miura”, por Quirico Matamoros

Se me ocurre a día de hoy el poder transmitir alguna que otra sensación de esas que ustedes y yo sentimos y conocemos. No seria lo cotidiano, ni saldríamos de la esencia, el poder transmitir esas sensaciones que cualesquiera de ustedes gustan. Quizás por ello sean cazadores y lo más importante, entiendan así la caza como tal.

Quisiera hacer una descripción clara y concisa de lo que es para mí la acción cinegética.

La caza pura, la esencia, el poder a poder, el sacrificio o esfuerzo por cazar y bien remarco CAZAR, no MATAR. Donde el ser humano intenta de poder a poder, abatir a su presa, como desde nuestros ancestros hacían, con los adelantos que hoy nos priman, pero guardando la ética y la tradición. El respeto por la especie y el abatirla con el menos sufrimiento para ellas. A groso modo esta seria para mí la manera de entender la caza.

A ello deberíamos añadir el antes, el después y el durante, muy de moda a fecha de hoy, donde es la escusa para que los congregados se diviertan en familia con la diversidad de comentarios y habladurías que conlleva la caza.

Esta nueva temporada que comenzamos en octubre, ha traído consigo un montón de modificaciones económicas, que han puesto mas de una cosa en su sitio y esperemos se sigan colocando. La caza se disfruta en el grupo de amigos y, pese a quien le pese, a veces la sorpresa se nos presenta en los lugares más humildes y los lances de lo más insospechado e inoportunos.

Dado es el caso del que me atañe y como memoria a un valiente compañero me gustaría de resaltar.

Andábamos a comienzo de temporada cuando un grupito de amigos conocidos, se congregaba para pasar un buen día de caza a los zorros. Es un nutrido grupo de amiguetes que pasan jornadas como cualesquier otro. Tienen su finca, la gestionan y cuando les parece nos invitan a amigos y pasamos un excepcional día. Esta vez los congregados allí éramos poquitos y no faltaba en el escuadrón ni el tato. Lo principal y que no podía faltar, como en los mejores batallones el cocinero. Un señor de excepción D. José Luis que tiene unas dotes culinarias de admirar y que nos deleitaría con un cocido en todo su esplendor, aparte de unas costillitas en salsa y alguna que otra delicatessen. Como no la paletita de jamón que no falte y que el que suscribe tubo que optimizar para sacarle unos resultones platos de jamón. Creo que nos estamos saliendo del protocolo de caza. Con tanto detalle. Así que pasare a lo que nos gusta. El día de caza.

Allí también fueron convocados los fabulosos canes del amigo Fernando Pérez. Jad Terrier “La Barranca” que seguro nos quedarían asombrados una vez mas con su valentia y arrojo ante los astutos zorros. Colocado ya los 9 puestos en las diferentes zonas a batir, me dispuse a acompañarle como guía. Cambiando esta vez el cuchillo por la escopeta, aun así, este iba en mi espalda oculto en mi macuto, inseparable compañero de fatigas. La mano se preveía entretenida, pues al poco de comenzar los primeros disparos delataban la afluencia de zorros en el entorno. La lluvia tampoco se quería perder la jornada y hacia acto de presencia con intermitentes aguaceros. Cubiertos con los pertrechos y gracias a que la zona no es muy espesa podemos caminar sin mojarnos mucho. (aunque como dice el refrán: El que se guarda debajo de hoja dos veces se moja). Siguiendo la linde por la parte superior de la finca, observaba con detalle todos los entresijos del campo y podía descifrar como por el entorno un cochino o varios habían estado hace muy poco tiempo por la zona. La atención era constante mientras Fernando con sus infatigables compañeros batía la zona a mi mano. Como expresión cotidiana suena una detonación y comienzan los avisos de ¡AHÍ VA EL GUARROOO!

Con calma observo como un animal aun identificado se dirige hacia mí. Al principio pensé en que era un perro, pero a medida que se acercaba comprobaba que era un fabuloso jabalí, no excesivamente grande, sobre unas 7 arrobillas, pero muy cuajado y arrogante. Con toda tranquilidad se dirigía a abandonar la zona donde se había encamado y pretendía pasar desapercibido ante mi presencia. Con suma tranquilidad en los movimientos cambie el capote por la muleta (la munición por una bala que aquel día me acompañaba en el bolsillo) para poder intentar dar caza al señor de los montes. Los movimientos parecen lentos, muy lentos, pero para todos ustedes les aconsejo que guarden la calma, cuestión muy difícil pero sumamente importante en estos momentos, (Vísteme despacio que tengo prisa). Dirijo mi arma esta vez la escopeta, hacia el animal, apunto en un sitio que pueda hacer un blanco contundente y menos dolorosa su muerte, aprieto el gatillo y ZASSS. El cochino queda tendido como si fuese uno de los mejores abatimientos de los videos de caza. Perplejo siento como aquello no tiene aliciente.

-!!!El maldito invento del hombre al crear la pólvora¡¡¡

En segundos acaba con el trabajo o la vida de animales que tardaron años en llegar a ser así de fuertes.

Sentía algo interior que no me gustaba, acabar un lance tan rápido, tan fácil, eso no tiene esencia. Siempre solía sacar mas partido a estos lances, pues en contadas ocasiones ocupe un puesto de montería.

La grata compañía de los latidos de los Jad terrier distraen mi atención, pues tras el rastro del cochino una fila de valientes perrillos van a dar rienda suelta a su codicia tras la presa tendida en el suelo. Ante todos los males, creo que San Huberto me dio otra oportunidad y resucito al cochino, que a pocos metros de llegar los perros se levanta como si nada hubiese sucedido y continua la huida. !Ahora si que tiene esto emoción!. Carreras como en las mejores monterías, en los mas arriesgados agarres. los valientes canes les muerden los talones y tras unos metros de persecución hacen presas en sus cotudillos. El jabalí se defiende osadamente haciendo saltar por los aires al Miura y Compañía. Eso no es que me guste…..es lo siguiente…..Cuchillo en mano y como mandan los cánones abandone el arma y me coloque encima del cochino que hacia malabares con los pobres canes de mi amigo Fernando. Mediando en el asunto declino la balanza hacia los compañeros de caza. Rápido llego el amigo Fernando que gentilmente se enalteció al ver las defensas que aquel elemento poseía. Mientras le comentaba que revisase la plantilla, pues había visto a más de un perro volar por los aires, su mirada cambia de alegría a preocupación, cuando ve al Miura lleno de sangre. Rápido examinamos la herida, donde comprobamos que existe una seria trayectoria en el abdomen, donde junto a sus atributos de macho sangra abundantemente. Colocamos en posición de panza arriba intentando que la herida no sangrase tanto, pero a su vez otra incisión en el costado con entrada y salida, hacían temer lo peor. No me atrevía a suturar, pues aquello tenia mala pinta y la entrad aquella no me gustaba. EL perro estaba quedando en estado de SHOK. Rápido aconseje que se lo llevara a los coches y alli con el botiquín de urgencias proporcionase más cuidados y atenciones que le pudiéramos dar en el campo. Proseguimos la batida, algún astuto zorro, escapo a los puestos, ya que no todas las zonas de querencias estaban ocupadas, dado el caso de los pelos que dejaban en los alambres y su reconocido tufo que les delataba.

Al final del recorrido ya se personaba allí Fernando con el carrillo para dar por finalizada la jornada. Aprovecharon que era temprano y volvieron de nuevo a una madriguera para comprobar como los valientes Jad terrier no mediaban con las zorras debajo de la tierra, pero esta vez la sorpresa volvió a sorprender, pues dentro del interior de la zorrera un tejon poblaba aquella morada. Dificultad extrema, pues los combates encarnizados de estos hacen que los perros suelen salir malparados. Tardo bastante el amigo en recuperar los perros que tras varias horas tuvieron que dar por perdida la batalla, pues le poblador no consintió abandonar la zona, (pues al realizar una primera salida y ver tal tumulto de humanos en el entorno, volvió a ocupar su bastión y no dio mas señales de cobardía). Aquel día no había sido del todo perfecto. Comimos, lo pasamos súper divertido con los chascarrillos, pero intentando hacer al amigo Fernando que los desperfectos se arreglasen de la mejor manera y con la mayor rapidez, pues el Mihura se había calmado y permanecía en un cajón sedado y relajado. Las fotos con los cochinos fueron de todo tipo, los galones para los valientes y el lance contado una y mil veces a los amigos. Quizás todo estaba perfecto cuando salía de la ducha ya en casa, pero un mensaje por wasap del amigo Fernando me anunciaba lo peor.

El Miura a Muerto. Ahora iremos a enterrarlo.

Sirva desde estas líneas mí mas pequeño homenaje a ese valiente perrillo, que pese a su pequeña talla rebosaba valentía más que un mastin.

Hasta siempre Miura. en mi recuerdo y en la tabla de este navajero siempre esta tu nombre.

 

Por: Quirico Matamoros

Categoría: Blog Relatos

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